Entrevista a Dani Rodrik, economista de Harvard y destacado especialista en desarrollo que no ahorra críticas al modo en que viene actuando la Organización Mundial de Comercio (OMC).
¿Cuál es su análisis sobre el papel de la Organización Mundial de Comercio (OMC)? ¿Es una institución que pretende proporcionar al comercio internacional reglas equitativas o una "máquina" de desregular para imponer la ley del mercado?
Hay que notar que el acuerdo que funda la OMC enuncia que el objetivo de la institución es aumentar el nivel de vida en todo el mundo. No dice que sea el de maximizar los intercambios comerciales en tanto tales.
En la práctica, sin embargo, la OMC considera cada vez más a esos dos objetivos como si fueran sinónimos. Al punto tal que los principales negociadores parecen haber sustituido como si nada el primer objetivo por el segundo.
¿Es posible imaginar un régimen de intercambios en el que las reglas estén determinadas para optimizar el potencial de desarrollo?
Para eso, en lugar de preguntarse "¿cómo maximizar los intercambios comerciales y el acceso al mercado?" los negociadores se tendrían que preguntar "¿cómo permitir que los países puedan salir de la pobreza?".
Un sistema así sería radicalmente distinto del actual. El comercio debe aceptar la diversidad institucional en vez de tratar de eliminarla. Y lo mismo con el derecho de los países a "proteger" sus dispositivos institucionales nacionales.
Una vez aceptados esos principios, pienso que las prioridades de desarrollo de las naciones pobres y las necesidades de los países industriales pueden compatibilizarse y apoyarse mutuamente a través de mecanismos de salvaguarda o de cláusulas optativas estipuladas de manera sensata.
En Doha, la OMC incorporó por primera vez a su agenda el tema del desarrollo. ¿Hubo avances concretos desde entonces?
La Organización Mundial del Comercio es una institución dedicada a negociar la apertura de nuevos mercados. Ciertamente, el libre comercio no es el logro más visible de ese proceso; de la misma manera que tampoco el bienestar del consumidor (y menos aun el desarrollo) son la principal preocupación de los negociadores.
Tradicionalmente, el orden del día de las negociaciones comerciales multilaterales se elabora en respuesta a la lucha descarnada que libran los exportadores y las empresas multinacionales de los países industriales avanzados, por un lado, y por otro, aquellos que podrían sufrir a causa de esa competencia (con frecuencia, los trabajadores pero no sólo ellos). Los principales beneficiarios del libre comercio según los manuales (es decir, los consumidores), no participan de ninguna instancia de negociación.
Tener en cuenta este elemento es esencial porque pone en evidencia un hecho importante: esas negociaciones comerciales multilaterales están, por naturaleza, poco estructuradas para garantizar resultados que concuerden con los objetivos de desarrollo.
Hemos visto funcionar ese proceso en la forma en que el orden del día del fallido encuentro de Seattle se vio transformado en "ronda de desarrollo", con la liberalización de la agricultura como pieza central. Está lejos de ser obvio que una agenda centrada en la agricultura, aun si se afianzara mediante algunos éxitos, pueda constituir una "ronda de desarrollo".
Excepto algunos miembros de ingresos medianas del grupo Cairns, como Argentina, Brasil, Chile y Tailandia, pocos países en desarrollo (PED) tuvieron una fuente importante de ganancias en ese sector. De hecho, la mayor parte de los países más pobres son importadores netos de productos agrícolas. Finalmente, ellos pagarán más caras sus importaciones si los países ricos abandonan las ayudas a la exportación agrícola.
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