¿Entonces cree que en cinco años nuestra oferta podrá ser algo más que soja?
Lo que sucede es que muy pocos países tienen la tierra como la que tenemos acá, para producir la soja en las condiciones en la que la producimos acá. La soja se come muchos nutrientes de la tierra y nosotros tenemos la capacidad de rotar los cultivos y logramos mantener la calidad. China no tiene tierra para esta producción. Y esto se pasa por alto a veces, cuando se habla de que sólo vendemos soja. A China le falta y por eso proveemos el 30% de su importación total de soja. Pero también vendemos cueros -Sadesa tiene una curtiembre allá- y lanas, que aunque bajamos muchísimo la producción, China sigue siendo nuestro principal cliente. También mandamos pescado congelado y vinos, que son productos nuevos.
Tenga en cuenta que en China hay 200 millones de consumidores con mucha plata, que demandan estos productos. En carne está la cuestión sanitaria, porque piden que seamos libres de aftosa sin vacunación. Pero vamos a llegar, no se preocupe. Fíjese, ahora estamos enviando embriones. Hemos sido bendecidos por la tierra que tenemos.
¿Es bueno darles genética para que mejoren su rodeo en lugar de exportarles carne?
¡Pero por supuesto! ¡Con la cantidad de gente que tienen! Son 1350 millones que hoy comen poca carne, pero ¿se imagina si empiezan a comer? Siempre van a demandar, y ahí tenemos que estar nosotros.
¿Y en la industria? ¿Es muy optimista pensar en venderles manufacturas industriales?
Algunas sí podemos, pero con mucha sofisticación o diseño. Eso sí. Pero recuerde que estamos enviando autopartes desde Rafaela (las fábricas de válvulas Edival y Basso exportan a China), y allá se fabrican casi 4 millones de autos. Y somos muy buenos en tecnología de GNC, que creo que también se está exportando. Y luego está el software. O sea que si son productos muy específicos, tienen mercado.
¿En qué se diferenció el viaje de Lula?
Y... mire: Lula viajó a China con unos 400 empresarios y un menú de productos que no es exactamente idéntico al nuestro. Brasil ofrece y vende a China aviones de entrenamiento, mineral de hierro, café y otros productos que no están en la oferta argentina. Nosotros tenemos productos como el software que es el resultado de la creatividad y el diseño. Y nuestros vinos, que son reconocidos mundialmente por su calidad. Pero, claro, coincidimos en la oferta de soja. Brasil también provee un 30% de las importaciones totales chinas de soja y Estados Unidos aporta el 40% restante.
Fuente : www.lanacion.com.ar
Rodolfo Salas
estrategia@WinRed.Com
http://www.arnegocios.com.
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