Entrevista a Julio Werthein, presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y de la Cámara de la Producción, la Industria y el Comercio Argentino-China. Admira profundamente a China, adonde viajó en cuatro oportunidades, la primera de ellas hace exactamente 30 años como el primer banquero argentino invitado por ese país.
Werthein preside la cámara desde 1987, tres años después de participar en su fundación representando al Banco Mercantil (luego vendido al Sudameris, hoy Banco Patagonia). Este año la cámara cumple 20 años, tiene 120 socios y todos los días se suman más.
Ahora bien, pasemos a la entrevista:
¿Qué recuerda de la China de 1974, cuando realizó su primer viaje?
Recuerdo que había que aprovechar el tiempo al máximo porque a uno no le permitían quedarse ni un día más. Era otra China. Las recepciones de los extranjeros eran distintas. ¿Sabe qué hacían? Nos llevaban a ver las granjas y las escuelas, donde cantaban loas a Mao. Era increíble.
¿Podía vislumbrarse entonces el cambio radical de China?
No, en absoluto. Ellos empiezan a cambiar hacia los 80, pero en los 90 se percibe recién un adelanto. Y el salto lo dieron entre 1990 y 2003. Es como si hubieran tirado una ciudad abajo para construir de nuevo hoteles, caminos, casas y negocios. Antes, el vestuario era sólo tipo Mao; ahora es otra cosa. Y usted lo ve en Hu Jintao, presidente de la República Popular de China, y en los embajadores. Gente de primera.
Fíjese cómo China se está insinuando en Europa de una manera muy fuerte. En cualquier país europeo se ven los productos chinos por todas partes y, como ya están en la Organización Mundial del Comercio (OMC) no tienen ningún tipo de problemas de penetración. China es un motor mundial. Piense que Alemania incrementó un tercio sus exportaciones gracias a sus ventas a China... Sólo con la operación de Siemens en el tren de levitación magnética entre el aeropuerto y el centro de Shanghai se invirtieron 1200 millones de dólares.
Están tan bien. Porque hay orden. Hay trabajo. Tienen sus planes quinquenales con metas, y esas metas las cumplen.
¿Qué balance deja el viaje de Kirchner?
Que además del complejo sojero hay otros sectores exportadores argentinos con posibilidades, como el software -en el viaje se realizaron acuerdos para la venta de software para el control de semáforos y para administración de sistemas de hospitales-, embriones vacunos, maderas duras, autopartes, equipos para gas natural comprimido (GNC) y limones frescos, aunque aquí falta un acuerdo sanitario.
Creo que se tomó conciencia de que es un mercado donde se debe tener una fuerte
presencia, y tenemos que apurarnos para consolidarla porque todos los países están presionando para hacerlo. Y algo muy importante: la presencia de los empresarios que acompañan al Presidente está muy bien vista en China. ¡El impacto de la llegada de 250 empresarios fue fenomenal!
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