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No hay que quedar atrapado en un sentimiento |
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Sucede, por lo habitual, que los hombres de empresa no saben distinguir bien cómo son sus reacciones. A primera vista parece que nuestros sentimientos son evidentes. Y una reflexión más cuidadosa nos recuerda épocas en las que hemos sido demasiado inconscientes de lo que sentíamos realmente con respecto a algo, o despertábamos tarde a esos sentimientos.
¿No es sorprendente? Veamos un ejemplo :
Según cuenta un relato japonés, un belicoso samurai desafió en una ocasión a un maestro zen a que explicara el concepto de cielo e infierno.
Pero el monje respondió con desdén: “No eres más que un patán. ¡No puedo perder el tiempo con individuos como tú!”
Herido, el samurai se dejó llevar por la ira, desenvainó su espada y gritó: “Podría matarte por tu impertinencia”.
“Eso”, repuso el monje con calma, “es el infierno”.
Desconcertado al percibir la verdad en lo que el maestro señalaba con respecto a la furia que lo dominaba, el samurai se serenó, envainó la espada y se inclinó, agradeciendo al monje la lección. “Y eso”, añadió el monje, “es el cielo”.
El súbito despertar del samurai a su propia agitación ilustra la diferencia que existe entre quedar atrapado en un sentimiento y tomar conciencia cuando uno es arrastrado por él.
¿Sabe cómo responder y enfrentarse a sus emociones? Veamos los estilos :
Consciente de sí mismo. Conscientes de sus humores en el momento en que los tienen, estas personas poseen, comprensiblemente, cierta sofisticación con respecto a su vida emocional.
Su claridad con respecto a las emociones puede reforzar otros rasgos de su personalidad: son independientes y están seguras de sus propios límites, poseen una buena salud psicológica y suelen tener una visión positiva de la vida.
Cuando se ponen de mal humor, no reflexionan ni se obsesionan al respecto, y son capaces de superarlo enseguida. En resumen, su cuidado los ayuda a manejar sus emociones.
Sumergido. Se trata de personas que a menudo se sienten empantanadas en sus emociones e incapaces de librase de ellas, como si el humor las dominara.
Son volubles y no muy conscientes de sus sentimientos, por lo que quedan perdidas en ellos en lugar de tener cierta perspectiva. En consecuencia, hacen poco por tratar de librase del mal humor, y sienten que no controlan su vida emocional. A menudo se sienten abrumadas y descontroladas.
Aceptador. Si bien estas personas suelen ser claras con respecto a lo que sienten, también tienen tendencia a aceptar sus humores, y no tratan de cambiarlos.
Al parecer existen dos ramas en el tipo aceptador, por un lado, los que suelen estar de buen humor y tienen pocos motivos para cambiarlo.
Y por el otro lado, las personas, que a pesar de la claridad que tienen con respecto a su talante, son susceptibles con respecto al mal humor pero lo aceptan con una actitud de laissez-faire, sin hacer nada para cambiarlo a pesar de las perturbaciones que provoca. Cuidado, esta pauta se encuentra entre personas depresivas que están resignadas a su desesperación.
¿Descubra cuál es su estilo? Anímese a dejar su opinión!!!
Fuente : Intermanagers
Rodolfo Salas
estrategia@WinRed.Com
http://www.arnegocios.com.
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