Ariema, consultora en tecnología de hidrógeno y pilas de combustible, formada por ingenieros del INTA que trabajan en este campo desde 1990, se encarga de la Asesoría Técnica de la AEH. Para Rafael Luque, director de ARIEMA, “a pesar del enorme interés que ahora despiertan estas tecnologías, hay apenas un puñado de personas realmente expertas en España”. En cuanto al perfil de las empresas interesadas en esta nueva tecnología, Rafael Luque señala que “hay una gran variedad. Ahí están todas las empresas relacionadas con la energía, empresas de ingeniería, el sector del transporte, la construcción y las telecomunicaciones”. Como ejemplo cita a Energy Express, filial de la constructora COPCISA (socio de referencia de la petrolera MEROIL) que trabaja en el desarrollo de estaciones de servicio de hidrógeno.
Otra muestra del papel tan relevante que este elemento está adquiriendo ha sido la celebración, en septiembre de 2003, del Primer Congreso Europeo del Hidrógeno organizado por la Asociación Francesa en colaboración con la Asociación Europea. El objetivo de este evento, que se quiere repetir cada dos años, es convertirse en el mayor encuentro de científicos, industria y gobiernos para el desarrollo comercial de esta nueva energía. Los principales temas del congreso han sido: producción, almacenamiento y utilización del hidrógeno centrado en los programas de I+D; demostraciones industriales y temas relacionados con seguridad, inversiones, regulaciones de estándares e información a la sociedad.
Tras todas estas iniciativas se encuentra la necesidad de buscar sustitutos a los combustibles fósiles que hoy calientan las casas, iluminan las ciudades, garantizan la producción industrial, el sistema mundial de transporte, la comunicación a distancia, la fabricación de medicamentos, el almacenamiento de millones de productos e, incluso, la manufactura de la ropa que vestimos y de algunos alimentos que comemos. Y, al hacerlo, emiten a la atmósfera CO2, un gas contaminante que destruye la capa de ozono y al que se acusa de ser uno de los causantes del cambio climático. La relación de dependencia entre sociedad desarrollada y estos combustibles es realmente estrecha.
El final de una era
El petróleo se agota. Los expertos no se ponen de acuerdo a la hora de establecer cuánto darán de sí los grandes yacimientos, especialmente los localizados en Oriente Medio, pero lo que sí parece claro es que no se van a encontrar nuevos pozos importantes y, también, que la aplicación de un tecnología más sofisticada no va a servir para extraer más oro negro. Según Colin Campbell, miembro del Centro de Análisis del Agotamiento del Petróleo (Oil Depletion Analysis Center, ODAC) de Londres, la conclusión final es que “a estas alturas todo el mundo ha sido objeto de una exploración exhaustiva y ha quedado claro que no quedan nuevas regiones por descubrir comparables al mar del Norte y Alaska”. Es, por tanto, una cuestión de tiempo. Los más optimistas hablan de cincuenta o sesenta años, los menos de la próxima década. Pero, mientras el alimento primario de una forma de vida, de una civilización, camina hacia la extinción, el gasto energético no para de crecer. Según la revista Fortune, si países como China e India se limitaran a incrementar su consumo hasta el nivel per cápita de Corea del Sur, “sólo estos dos países necesitarían un total de 119 millones de barriles de petróleo al día. Esto es, casi un 50% más del total de la demanda mundial del año 2000”.
Plantearse en este escenario un futuro sin abastecimiento de energía suficiente puede sonar a argumento de película de ciencia-ficción. Sin embargo, gobiernos, científicos y grandes empresas se lo plantean, multiplican los programas de investigación y también las inversiones millonarias en proyectos piloto. Gran parte de estas iniciativas tienen como protagonistas al hidrógeno y a las pilas de combustible. Jeremy Rifkin es uno de los principales teóricos de esta revolución. Para el gurú estadounidense, autor del ensayo Economía del hidrógeno y presidente de la Fundación sobre Tendencias económicas en Washington, “el hidrógeno puede ser la llave para una sociedad nueva, en la que cada individuo logre autoabastecerse con una fórmula energética extremadamente limpia en comparación con los combustibles fósiles”. La industria automovilística ha sido la primera en recoger el guante y multinacionales como General Motors o Chrysler ya han presentado sus prototipos.
Rafael Luque, de la consultora Ariema, recuerda, por su parte, que “Ford ha abandonado el desarrollo de coches eléctricos con baterías, para centrarse en pilas de combustible. General Motors decidió destinar el 50% de su presupuesto de I+D a vehículos con este sistema, un periódico americano lo llamó “the one billion dollar bet”, la apuesta del billón de dólares. Y Daimler-Chrysler afirma tener más de mil personas trabajando en este campo”. Para el responsable de la principal consultora española en tecnologías del hidrógeno y pilas de combustible, son muchas las empresas que perciben que el potencial es enorme, y saben que si no invierten pronto llegarán demasiado tarde. Para ejemplarizar este reto baste reseñar que en 2001 se registraron 250 patentes en este campo. Y hay muchos acuerdos comerciales en marcha: por ejemplo, hace tiempo que la empresa Vaillant desarrolla equipos de uso doméstico con General Electric.
La industria del automóvil pionera
Jeremy Rifkin, asesor entre otros del presidente de la Comisión Europea Romano Prodi, afirma que “el mundo vislumbró el futuro cuando General Motors desveló su revolucionario nuevo coche de Hy-wire en una feria en París”. El automóvil funciona con hidrógeno y es un prototipo construido en un chasis de combustible-célula que dura veinte años y que no lleva volante, pedales, frenos ni motor. Según este afamado consultor de jefes de Estado y autor de dieciséis libros sobre el impacto de la ciencia y la tecnología en la economía, en la sociedad y el medio ambiente, “el coche de General Motors ha marcado el principio del final del motor de combustión interna y el cambio desde una civilización basada en el petróleo a la edad del hidrógeno”.
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El futuro casi es ayer Es de sumo interés para todo el mundo estar al día en los cambios (y en la dirección y velocidad de los cambios)que se están produciendo y que se producirán en el futuro inmediato. Este artículo, muy bien documentado y bien escrito, expone con claridad uno de los marcos futuros con probabilidades de ser realidad. Felicitaciones a la autora.