La primera empresa automovilística que se interesó por el hidrógeno como combustible fue BMW, que fabricó modelos con motores de explosión que utilizaban este gas. En mayo de 2003, General Motors Corporation y el Grupo BMW hicieron público su proyecto de desarrollo conjunto de los elementos para el repostaje de vehículos alimentados por hidrógeno líquido e invitaron a otros fabricantes y proveedores de la industria del automóvil a unirse a esta iniciativa. "Queremos acelerar los avances realizados en la distribución y el almacenamiento a bordo del hidrógeno líquido como el combustible del futuro", declaró entonces Lawrence Burns, vicepresidente de General Motors para investigación, desarrollo y planificación de vehículos.
La colaboración entre ambas compañías se centrará en establecer estándares globales y especificaciones para los proveedores, así como en encontrar las mejores soluciones técnicas y efectivas en costes, según Christoph Huss, director de política de tráfico y ciencia de BMW, quien aseguró que “el hidrógeno líquido ofrece las mejores condiciones para el transporte del hidrógeno antes de que exista una infraestructura de gaseoductos. Trabajando conjuntamente lograremos acelerar la infraestructura”. El objetivo de GM y BMW es tener disponibles vehículos alimentados por hidrógeno asequibles y atractivos para el mercado en el año 2010. Ambas compañías quieren concentrar sus esfuerzos en las tecnologías de almacenamiento y manejo del hidrógeno para lograr este objetivo.
Esta revolución previa ha llegado también al sector del transporte de viajeros y mercancías. En Madrid y Barcelona, por ejemplo, la pasada primavera se presentaron en sociedad los primeros autobuses públicos movidos por hidrógeno y para ellos se han construido las primeras centrales de abastecimiento. La última edición de Flotas 2003, encuentro anual del sector, contó con una jornada especial dedicada a este elemento y a otras energías alternativas. Para los organizadores de este evento, el Institute for International Research (AIIR), “las alternativas a los combustibles tradicionales para el uso industrial y empresarial significan un punto de inflexión muy importante que los asistentes al evento también necesitaban analizar”. Pero no sólo Flotas 2003 tuvo espacio para imaginar el futuro, en noviembre del pasado año AIIR celebró las primeras jornadas sobre la utilización de las pilas de combustible y las energías alternativas, un evento que sirvió para exponer los avances científicos realizados en este campo y las previsiones de aplicación como nuevos combustibles. Jornadas que piensan repetir el próximo octubre.
Otra industria que vive con mucha expectación lo que se está produciendo es la aérea. El proyecto CRYOPLANE (Liquid hydrogen fuelled aircraft- System analysis) financiado por la Comisión Europea y en el que participan 35 organizaciones europeas, desde empresas aeronáuticas (MTU, Airbus, CASA, etc.) hasta diferentes instituciones de investigación y universidades (Cranfield University, Aachen, TU Munich y UPM de Madrid, entre otras), cubre todos los aspectos de viabilidad para el uso del hidrogeno como combustible único en el transporte aéreo, en un plazo hipotético de 50 años.
No obstante, a pesar de las inversiones y de las expectativas es mucho lo que queda por hacer para que la promesa del hidrógeno se convierta en realidad. Dice Rafael Luque, director de Ariema, que “esto ocurrirá cuando se avance en las infraestructuras. Hubo un tiempo en que era difícil encontrar gasolina sin plomo, eso frenaba la venta de los coches que la necesitaban. Cuanta más disponibilidad haya de hidrógeno, y a menor coste, más se desarrollarán sus aplicaciones”.
La generación distribuida, un nuevo concepto de logística
Cuando un ciudadano occidental llega a su casa basta que apriete un interruptor para encender la luz. Entre la pulsación y el encendido apenas transcurren unas milésimas de segundo. Lo mismo sucede cuando dicho ciudadano marca un teléfono en su móvil, cuando se conecta a Internet por ADSL, o cuando arranca el motor de su coche. Tras semejante instantaneidad, se oculta un complejo sistema de producción y reparto del flujo energético. Toda una red de infraestructuras creada para garantizar el servicio y que tiene su punto de partida en los yacimientos de petróleo, en las grandes presas hidráulicas o en las centrales nucleares.
Al hablar de tecnología del hidrógeno hay que analizar cómo se piensa garantizar su producción a gran escala, cómo se pretende almacenar y cómo será su transporte y distribución a todos los usuarios. Es en este último tramo en el que aparece un concepto completamente distinto a los existentes hasta ahora: la generación distribuida. Según Jeremy Rifkin, presidente de la Fundación sobre Tendencias económicas en Washington (FOET) “la generación distribuida se refiere a un conjunto de pequeñas plantas generadoras de electricidad, situadas cerca del usuario final, o en su mismo emplazamiento, y que pueden bien estar integradas en una red bien funcionar de forma autónoma. Sus usuarios pueden ser fábricas, empresas comerciales, edificios públicos, barrios o residencias privadas. En esta perspectiva, el usuario se puede convertir en su propio productor, al usar pilas de combustible que pueda recargar”.
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El futuro casi es ayer Es de sumo interés para todo el mundo estar al día en los cambios (y en la dirección y velocidad de los cambios)que se están produciendo y que se producirán en el futuro inmediato. Este artículo, muy bien documentado y bien escrito, expone con claridad uno de los marcos futuros con probabilidades de ser realidad. Felicitaciones a la autora.