Es el elemento más abundante, básico y ligero del Universo. Cuando se quema, sólo emite agua y calor. Está presente en los hidrocarburos, carbohidratos y otras formas de vida del planeta. Puede ser almacenado en una célula o pila de combustible. Sus aplicaciones comerciales parecen infinitas: coches y autobuses no contaminantes, sistemas energéticos de alta eficiencia e, incluso, teléfonos móviles con una pila de combustible en las baterías que se recargarán inyectando alcohol. Gracias a él, puede surgir una nueva red energética en la que el usuario final sea también productor, es lo que se llama generación distribuida. Por todas estas cualidades, el hidrógeno y su tecnología se están convirtiendo en la gran apuesta del futuro y en los protagonistas del presente en el ámbito de I+D, tanto de Estados como de empresas
Bill Gates, a título personal, General Electric y otras grandes entidades financieras, como Morgan Stanley, Citigroup, Merrill Lynch, Barclays, Dresdner o Credit Suisse ya han incluido en su cartera de valores a los fabricantes de pilas de combustible. Actualmente, en el mundo hay unas veinte empresas cotizadas en el NASDAQ que se dedican a estas tecnologías. Los gobiernos de Estados Unidos y Japón han destinado partidas millonarias a la investigación y a la puesta en marcha de un nuevo complejo de infraestructuras destinado a su producción, almacenamiento y distribución. La Unión Europea también ha mostrado su interés aunque todavía no ha especificado cuáles van a ser sus inversiones. En definitiva, es posible que estemos asistiendo a los primeros pasos de una nueva revolución similar a la que en su día supuso la máquina de vapor o el carbón.
Viajando al futuro
El pasado mes de junio un grupo de expertos formado por representantes de los principales centros de investigación europeos —incluido el español Cesar Dopazo, director del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)—, por fabricantes también de pilas de combustible y por empresas de los sectores de la energía y el automóvil, presentó ante la Comisión Europea su informe sobre estas nuevas tecnologías. Tras afirmar que el hidrógeno y la electricidad juntas representan uno de los caminos más prometedores para alcanzar la energía sostenible, los expertos propusieron a la Comisión un plan de acción a corto plazo, hasta 2010, pero con un horizonte de 20 o 30 años.
El informe titulado “Energía del hidrógeno y pilas de combustible” incluye una serie de recomendaciones, a saber: creación de un marco político que abarque coherentemente el transporte, la energía y el medio ambiente; incremento sustancial de la financiación en I+D en este ámbito; puesta en marcha de programas piloto de demostración; elaboración de un proyecto de investigación socioeconómico; desarrollo de iniciativas de negocios coordinando diferentes organismos de financiación; un programa de educación y entrenamiento; mayor cooperación internacional y un centro de comunicación y distribución de la información.
Los expertos requeridos por la Unión Europa señalan que “la inversión necesaria para construir una economía basada en el hidrógeno y las pilas de combustible se estima en varios cientos de miles de millones de euros, algo que sólo puede conseguirse en un marco de varias décadas”. Y ponen un ejemplo: la instalación de surtidores de hidrógeno en el 30% de las estaciones de servicio europeas costaría entre 100.000 y 200.000 millones de euros. En el estudio también se reseña que, a pesar de los esfuerzos, la Unión Europea está por detrás de EE UU en cuanto a financiación de proyectos. El gasto estadounidense en este sector es entre cinco y seis veces superior al que la Unión dedica en su programa Marco de Investigación. La administración Bush ha respondido a las demandas de la industria con 1.700 millones en los próximos cinco años para desarrollar las pilas de combustible, infraestructuras de hidrógeno y la tecnología de automación avanzada. Japón también está apostando fuerte. El país nipón prevé comercializar 50.000 pilas de combustible para vehículos en 2010. Mientras tanto, la UE mantiene que no quiere perder el tren, aunque tampoco especifica cómo piensa, exactamente, subirse a él.
Por lo que respecta a España, desde 2002 existe la Asociación del Hidrógeno (AEH) cuyo primer propósito es fomentar y divulgar estas tecnologías. La Asociación cuenta, como socios fundadores, con los grupos de I+D más activos en este campo: Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), CIEMAT, Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA); con el Instituto de Ahorro y Diversificación de la Energía (IDAE); con grandes empresas: Repsol, Iberdrola, Gamesa, Gas Natural, Abengoa, etc; y con pequeñas compañías tecnológicas.
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El futuro casi es ayer Es de sumo interés para todo el mundo estar al día en los cambios (y en la dirección y velocidad de los cambios)que se están produciendo y que se producirán en el futuro inmediato. Este artículo, muy bien documentado y bien escrito, expone con claridad uno de los marcos futuros con probabilidades de ser realidad. Felicitaciones a la autora.