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Más sobre los nuevos trabajadores del conocimiento (José Enebral Fernández)

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El siglo XXI demanda nuevos perfiles en los trabajadores y directivos; nuevos perfiles más acordes con el creciente peso del conocimiento y la innovación en la economía.

Debemos al prestigioso experto en gestión empresarial Peter Drucker, fallecido en 2005, un completo dibujo del trabajador del conocimiento de la economía del siglo XXI: un trabajador capaz de aprovechar las herramientas y ventajas de la Sociedad de la Información para el aprendizaje permanente, y para el consiguiente progreso técnico-científico y el bienestar social. Es el trabajador, leal a su profesión, que demanda la emergente economía; una economía en que el saber y el innovar constituyen elementos clave para la prosperidad.

En mayor o menor medida, todos somos trabajadores y trabajadoras del conocimiento, incluso utilizando las manos: dentistas, cirujanos, directivos, ingenieros, investigadores, arquitectos, periodistas, economistas, médicos, psicólogos, tecnólogos, consultores, docentes, abogados, enfermeras, gestores, sociólogos, farmacéuticos, políticos, constructores, mecánicos, cocineros, modistos, enólogos, técnicos de laboratorio, vendedores, decoradores, jardineros, fotógrafos, etc. Ciertamente, aunque haya todavía trabajos muy necesarios que puedan ser desempeñados sin una especialización previa y formal, lo cierto es que se impone la competitiva economía del saber en casi todo el espectro laboral.

Más allá del aprendizaje permanente, para muchos de nosotros las exigencias profesionales llegan a la necesidad de innovar o, por lo menos, de adaptar a cada caso particular las soluciones existentes; el hecho es que aprender continuamente forma parte de nuestro cometido profesional. Quizá podría hablarse no sólo de trabajadores del conocimiento, sino de aprendedores permanentes. Observemos las principales características del perfil de este nuevo trabajador:

 Posee importante formación curricular.
 Maneja con soltura las TIC (tecnologías de la información y comunicación).
 Posee suficientes destrezas en el uso y generación de información.
 Es proactivo en el aprendizaje, y al respecto utiliza los medios a su alcance.
 Presenta cierta autotélica vocación profesional.
 Se considera, más que un empleado, un profesional, y es leal a su profesión.
 Desarrolla perspectiva holística y sistémica de su tarea.
 Goza de visible autonomía en su trabajo.
 Le interesa más la calidad que la cantidad.
 Contribuye a la mejora y la innovación.

Tal vez podría añadirse algún rasgo más del perfil, pero enfoquemos la atención hacia la idea de “conocimiento”. El trabajador del conocimiento posee, en general, una materia prima esencial que es la información, a la que accede frecuentemente a través de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC); este trabajador clave de la nueva economía ha de traducir la información a conocimiento, aplicar el conocimiento en su desempeño cotidiano, y añadir nuevo conocimiento al ya existente, es decir, en mayor o menor grado, innovar. Como síntesis del perfil dibujado para este trabajador, cabría destacar el aprendizaje y desarrollo permanente, la competencia profesional y la innovación.


Un aprendedor permanente

El afán de aprender forma ciertamente parte del perfil descrito y es consecuencia de la vocación profesional, del desempeño autotélico del trabajo y de la necesaria competitividad. Los universitarios llegan ya al mundo laboral sabiendo que han de seguir aprendiendo durante toda su vida, y que también han de contribuir a la generación de nuevos conocimientos, en beneficio de la competitividad y prosperidad de sus organizaciones.

Tratemos de llenar de significado el aprendizaje permanente; no se trata sólo de seguir con frecuencia cursos en aula u on line, o participar en otras acciones formativas orquestadas. Quizá el aprendizaje permanente parta, sobre todo, de una actitud; de una proactiva disposición a aprender diariamente de lo que hacemos y observamos, y a buscar en diferentes fuentes aquellos conocimientos que necesitamos para el corto y largo plazo: de la sed de saber. Si, para hacer carrera, a algunos directivos ambiciosos mueve la sed de poder, a los nuevos trabajadores del conocimiento parece mover, sobre todo, la sed de saber y de aplicar el conocimiento en su desempeño profesional.

Y añadiríamos que la idea de aprendizaje continuo, asociada al trabajador del conocimiento, significa asimismo enseñanza permanente, es decir, el poner siempre a disposición de los demás nuestro saber. Y también que supone desaprender lo que, fruto del avance, ya no vale... Y que esta nueva situación demanda específicas competencias en el perfil del trabajador. Desde luego, hay que ver qué debemos aprender, en qué debemos mejorar, qué nos falta y sobra en nuestro perfil profesional; esto nos lleva a lo que sigue.


Un profesional competente

Hay que recordar que el conocimiento nos capacita para actuar —la ignorancia nos incapacita—, pero convengamos igualmente en que actuar bien, con elevado rendimiento, exige otras competencias del individuo. Ya no sólo las empresas, también las universidades, atienden a los perfiles competenciales de los individuos: conocimientos, destrezas técnicas y operativas, facultades cognitivas, fortalezas personales, habilidades sociales, actitudes, creencias, conductas… El denominado competency movement comenzó en España mediados los años 90 y hoy está presente en empresas y universidades, donde se hace un sólido despliegue de las competencias que más contribuyen al rendimiento profesional. Este despliegue abre, cada día más, espacio para la intuición y la creatividad como recursos especialísimos de nuestra inteligencia.

Efectivamente, el flujo intuitivo que estudiara el profesor Csikszentmihalyi hace unos diez años encaja perfectamente en el perfil que estamos dibujando: el trabajador del conocimiento está intrínsecamente motivado, disfruta con autotelia de su actividad y, si no surgen elementos exógenos que lo impidan, se sumerge en los estados de concentración y eficacia que le hacen fluir hacia los resultados perseguidos.
 Etiquetas: José Enebral Fernández
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Enviado por José Enebral - 03/07/2007 ir arriba

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