Había leído ya cosas de Jonas Ridderstrale, pero tuve ocasión de oírle recientemente (19 de abril de 2005) en Madrid, presentado por ADP, en el 40º Congreso de AEDIPE, coincidente con la celebración del Salón Capital Humano. Sin duda, el Palacio Municipal de Congresos del Campo de las Naciones fue esos días un punto de encuentro para todos los interesados en la gestión profesional de las personas: un evento más, pero una convocatoria de creciente interés.
Los asistentes pudieron escuchar cómo se hacen las cosas en IBM España, Iberdrola, DKV, Banco Popular, Mapfre, Sanitas, Fundación ONCE, Telefónica, La Caixa y otras empresas, además de recorrer los stands y conocer las soluciones que, para necesidades diversas dentro del campo de los recursos humanos, ofrecen los proveedores. Parece preciso conocer cómo se gestionan personas por quienes parecen hacerlo bien, pero también es cierto que Ridderstrale, en la conferencia inaugural, nos pidió que no imitáramos sino que innováramos. Esta vez me propuse tomar apuntes y lo primero que anoté es que, en los tiempos que corren, cada empresa ha de ser “única”, como también cada uno de nosotros. De hecho, nuestro conferenciante acabó señalando que, incluso en el trabajo, todos debemos ser nosotros mismos; que la libertad puede ser buena o mala, pero que su ausencia resulta limitadora.
Insistió el conferenciante en lo del monopolio temporal derivado de la innovación, y, por hacernos advertir lo poco que se innova, aludió a que las propias escuelas de negocios utilizan los mismos manuales desde hace mucho tiempo. (La verdad es que yo he visto algunos másteres sobre gestión de la formación en las empresas, y me ha parecido que, en algún caso, se forman simplemente administradores del presupuesto de formación; pero opinen ustedes mismos por sus experiencias, y evitemos la generalización).
Ridderstrale vino a decir cosas conocidas, pero de las que no somos muy conscientes, o ante las que quizá vemos peligrar el statu quo, o que quizá no sabemos conectar debidamente con nuestra realidad cotidiana (algunas pistas nos dio, empero). Sin duda, la innovación es una exigencia, y eso lo sabemos bien; pero no está mal que alguien nos lo recuerde periódicamente de modo ameno y distendido. También anoté lo de la economía del alma: la que subraya la importancia de los sentimientos, valores e ideales. Al respecto, este sueco rompedor insistió en que es la mujer quien elige, y que puede preferir un coche por el olor que percibe al abrir la puerta (no parece extraño que los fabricantes cuiden este aspecto).
Puestos a intentar conectar todo esto con la realidad cotidiana, yo confieso que a veces he acompañado a mi mujer al supermercado y elegido alguna botella de vino por el moderno envase en que se me ofrecía y por su precio módico (con cierta compunción, prometo no volver a hacerlo; pero no me crean). También anoté algo sobre nuestra ventaja competitiva como individuos y la caducidad de nuestros conocimientos. Aquí uno se sintió en especial sintonía con Ridderstrale, porque la idea de la innovación me parece inseparable de la del trabajador del conocimiento y de la del aprendizaje permanente bien entendido; seguramente, no siempre valen los viejos conocimientos y creencias, y a veces uno, a su pesar, ha de desaprender para aprender. Pero no sólo hablaba este gurú de nuestra reingeniería individual y colectiva: también, concretamente y con imágenes sugerentes, de la de los equipos directivos de las empresas.
Desde luego, cabe preguntarse si los más de 200 asistentes a la conferencia salieron convencidos de algo de lo que no lo estuvieran ya, en torno a la innovación empresarial; pero creo que valió la pena dedicar algo más de una hora a Jonas Ridderstrale, y hay que felicitar a quienes lo trajeron. No obstante, yo me quedé pensando que la innovación es una cosa muy seria; creo que cabe cierta frivolidad para alentarla, pero no para aplicarla. El lector tendrá sin duda su criterio al respecto, e incluso sus vivencias, y además podrá leer otras informaciones sobre las tesis de Ridderstrale, e incluso sus libros.
Muchas de las otras ponencias fueron asimismo interesantes, dentro de lo que cabe esperar de estas intervenciones breves en que las empresas relatan sus experiencias; pero aquí también destacaría yo alguno de los denominados actos paralelos, como la interesante charla que, sobre el coaching mayéutico, nos ofreció Eduardo Larriera. La concurrencia del 40º Congreso de AEDIPE y el 10º Salón Capital Humano me pareció, en suma, un nuevo acierto; pero mi expectación apuntaba a la ponencia de Ridderstrale, que supuso, como esperábamos, una invitación a romper con lo convencional. Este columnista volverá sobre el tema de la innovación en algún próximo artículo, pero aquí sólo quería hablarles de este paso por Madrid de uno de los autores de Funky Business; sin duda, la innovación es una exigencia de la nueva economía.
Ya saben: no imiten a otras empresas, ni imiten a otras personas; sean ustedes mismos... Seamos nosotros mismos, sí, pero procurando mejorar cada día. Nuestros perfiles profesionales (y personales) son perfectibles siempre. Para terminar –no sé cómo lo verán ustedes–, esto de la inexcusable innovación ha de ser necesariamente compatible con la responsabilidad y el sentido común, aunque es verdad que éste –el sentido común– parece a veces subordinarse a postulados de moda. Estoy pensando ahora en un artículo de Malcolm Gladwell que, sobre el “mito” del talento, leí recientemente... Gracias por su atención. [José Enebral Fernández]
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
El mismo discursito del Suequito Hola José
he llegado por casualidad aqui y he visto de qué fue la conferencia de Ridderstrale relacionada con la innovación.
Le vi en Barcelona en marzo, en Rethink - Comunicación e hizo lo mismo: puso la foto de su mujer? enseñó al pavo real? todo lo demás que cuentas también lo hizo...
la verdad es que me gustó, pero despues de leer esto me pregunto hasta que punto sus ideas son innovadoras!! Invitado - ip:***.210.38.78 - (17/05/2006)