Felizmente, los capítulos que narraban “las mejores prácticas” en España (AENA, Oracle, Ferrovial, UOC, SCH, Alcatel, Caja Madrid...), sí hacían, en general, explícita referencia a la calidad de los contenidos, y la consiguiente materialización del aprendizaje y de la mejora del desempeño. No se hablaba de insatisfacción de los usuarios, pero sí se demandaba una buena calidad en los cursos on line, sin olvidar otros elementos necesarios, como la motivación de las personas y el seguimiento tutelar. Esto me satisfacía como docente, pero entonces, ¿por qué se nos lanzaban mensajes distintos en el prólogo y en la introducción del libro? No cabía pensar que los autores de esa primera parte del libro (cliente y proveedor) estuvieran equivocados al relativizar la contribución de los contenidos, porque se trataba de dos voces muy significativas dentro del sector. Pero entonces, ¿se precisan, o no se precisan, contenidos de calidad para consolidar el método, ganar la satisfacción de los usuarios y obtener la deseada mejora en el desempeño profesional?
¿Qué debe hacerse?
Si, como apunta el estudio de Santillana Formación, la satisfacción de usuarios y la eficacia del aprendizaje son asignaturas pendientes en el e-learning, ¿qué ha de hacerse? El estudio sugiere que se han de neutralizar los problemas técnicos, y que se han de ofrecer mejores productos (contenidos) y servicios (tutela). Este articulista toma partido por quienes así lo creen, y lamenta disentir (nada menos que) de las opiniones del Director de Desarrollo y Formación de Telefónica de España y de las del Consejero Delegado de FYCSA, autores de la primera parte del libro de AEDIPE (Asociación Española de Directores de Personal). Puedo estar equivocado, pero vengo pensando que la consolidación del método habría de pasar por la satisfacción de usuarios, e igualmente por los siguientes niveles de Kirkpatrick. Y que todo esto pasa por contenidos de calidad. ¿Por qué no reúnen los contenidos suficiente calidad? Preguntémonoslo.
Sobre la calidad de los contenidos
Podrá pensarse que la calidad es suficiente, y también que la calidad resulta insuficiente porque el cliente no la pide, o porque no la paga, o porque no la hay. Yo, en general, creo que tal vez no la hay, aunque no sé si se paga o no se paga, o si se estaría dispuesto a pagarla; y ofrezco al lector mi punto de vista, desde la modesta experiencia de docente que comenzó en los años 80 con la Enseñanza Asistida por Ordenador. Lo correcto sería empezar por definir a qué llamamos contenidos. A mí me parece que estamos llamando contenidos a la información multimedia e interactiva que, como aquella enseñanza programada impresa de décadas atrás, contiene un cierto diálogo con el alumno, para asegurar la consecución del aprendizaje. No consideraría yo e-learning a un documento lineal –por ejemplo, un artículo o un informe– obtenido en la Red, porque, entre otras cosas, yo lo sacaría por impresora para leerlo mejor. Pero habrá otras legítimas opiniones sobre lo que entendemos por contenidos, considerando además que se empieza a hablar de una cierta googlelización del e-learning.
Aunque mis primeros diseños de los años 80 eran cursos técnicos sobre Telecomunicación, déjenme seguir hablando de los cursos para directivos, que es lo que ahora conozco mejor. Se han venido vendiendo muchos cursos on line de breve duración (de 1 a 4 horas) para el desarrollo de habilidades específicas (liderazgo, comunicación, iniciativa...), e incluso para el aprendizaje de tareas concretas: “Aprende a negociar con éxito”, “Cómo realizar reuniones eficaces”, etc. Yo, sinceramente, no creo que se puedan conseguir visibles resultados con tan breves cursos, pero, si entramos a examinar sus contenidos, entonces opino que hay que alinearse con la mayoría de los alumnos, y decir que no están aportando nada o casi nada.
Tengo la sensación de que el e-learning corporativo no está movido sólo por intenciones docentes, porque no me imagino a ningún docente de vocación, a ningún docente con desempeño autotélico, detrás de estos breves cursos de dudosa eficacia. Me disculparan las excepciones, pero yo mismo tengo vivencias frustrantes. Cuando diseñaba estas píldoras on line, el presupuesto sólo me permitía cargar al proyecto la tercera parte del tiempo que yo le dedicaba. O sea que, por cada 40 horas que cargaba a un proyecto de diseño de cursos on line, había 80 más que aparecían como horas trabajadas y no facturadas. Los alumnos, durante la fase de seguimiento tutelar, me decían que los cursos eran amenos, pero lo cierto es que conseguirlo me costaba un importante tiempo extra. Quizá otros guionistas eran más rápidos y eficaces que yo.
Con todo, lo que más me frustraba era que mis guiones didácticos (los entregaba en Word o en PowerPoint) eran luego a menudo recompuestos por los tecnólogos, a quienes yo, desde mi parcial punto de observación, consideraba ajenos a los temas del curso y a la enseñanza de los mismos. Mi impresión, pudiendo lógicamente estar equivocado, es que ha estado faltando protagonismo de los auténticos docentes en la producción de cursos on line. No tengo otra forma de explicarme este rotundo hecho: el 60 % de los usuarios declara que el e-learning le aporta poco o nada, y hay observadores que imaginaban un porcentaje mayor. Paralelamente y por cierto, vemos otras encuestas que afirman todo lo contrario, pero que no son cumplimentadas por los alumnos sino por las áreas de Recursos Humanos de las empresas. Concretamente, APeL sostiene que el 67% de las empresas se muestra satisfecha o muy satisfecha con el e-learning.
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.