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e-Learning corporativo: proveedores y clientes (José Enebral Fernández) |
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¿Por qué fracasan algunos proyectos de e-learning?
Volviendo al texto de expansionyempleo.com, comienza diciendo: “Muchos proyectos de e-learning han fracasado porque las empresas han descuidado aspectos clave...”. Y en seguida se acude al presidente de APeL, Mariano Baratech: “De nada vale tener una buena plataforma o unos contenidos excelentes si no se cuidan otros factores como la motivación, la involucración de los mandos o la alineación con la estrategia de la compañía”. Con esto, y lo ya reproducido (“estos directivos no se dejan asesorar por las consultoras que contratan y, al final, pasa lo que pasa”) del vicepresidente de APeL, me pareció que los proveedores atribuían a sus clientes la responsabilidad de los fracasos; o, al menos, parte de ella.
Pero, en este punto, uno se pregunta a qué llamamos éxito y a qué fracaso. Simplificando, yo creo que, para los usuarios, un curso on line es satisfactorio si, siendo ameno, enriquece y contribuye a la mejora del desempeño; al menos, así se sugiere en el oportuno estudio de Santillana Formación. Sin embargo, José Ignacio Díez, en un libro publicado en 2003, hablaba de éxito en e-learning cuando el end rate supera el 75%, aunque también mencionaba otros índices al referirse a “éxitos abrumadores: personas implicadas en formación on line sobre plantilla total, que superan el 50%; horas de formación on line sobre horas totales de formación que alcanzan cifras del 40%; start rates y end rates por encima del 80 ó 90%; reducciones del coste de la formación de más del 60%...”. O sea, que no parecía relacionarse el éxito con la eficacia del aprendizaje, según Kirkpatrick.
De modo que, aparentemente, los proveedores –al menos éste– hablan de éxito refiriéndose al volumen o el “calado” del e-learning dentro de la empresa, mientras que los usuarios esperan contenidos de calidad que les aporten algo, y les permitan mejorar su desempeño profesional. En medio, los clientes (típicamente, las áreas de RRHH de grandes empresas) quizá esperan contenidos de calidad a bajo precio...
¿Por qué no son mejores los contenidos?
Hay que pensar, de entrada, que si fueran mejores serían más caros. Por poner un ejemplo y si estoy bien informado, Telefónica de España tiene mucho dinero para invertir en e-learning (10 millones de euros en 2004), pero impone precios limitados a sus proveedores, lo que a primera vista parecería un stop a la calidad; de hecho, podemos recordar lo que decía en 2003 Carlos Pelegrín, Director de Desarrollo y Formación: “Lo cierto es que los mejores resultados pueden alcanzarse con contenidos de calidad media, al tiempo que los contenidos excelentes no aseguran absolutamente nada, e incluso pueden conducir al fracaso”. Seguramente, los proveedores podrían desarrollar contenidos más eficaces, si dispusieran de presupuestos menos ajustados; esto contribuiría a la satisfacción de los usuarios, con la duda de lo expuesto por Pelegrín sobre los resultados que genera la calidad. Quizá Pelegrín se refería a las formas gráficas y pretería, o daba por supuesta, la calidad didáctica.
No obstante, en el mismo libro (e-learning: Las mejores prácticas en España, de AEDIPE) en que se sostiene lo anterior, el proveedor José Ignacio Díez habla de que todos hemos tenido que aprender alguna vez con contenidos precarios, y recomienda a las empresas que dosifiquen bien su esfuerzo inversor en contenidos. Leyendo estas declaraciones, uno se pregunta: ¿hay, o no hay, que mejorar la calidad de los contenidos para satisfacer a los usuarios y consolidar el método? A menudo me pregunto también para qué se necesitan buenos continentes si no hay buenos contenidos, desde la creencia de que aquellos están al servicio de estos; pero tampoco coincidiríamos en qué se entiende por unos y por otros.
Quizá se denomina a menudo contenidos a las formas en que éstos se presentan y no tanto a su carga didáctica; por eso, sin entrar en la misma, producen reservas los textos lineales y parece postularse la versión cibernética de aquella enseñanza programada impresa de décadas atrás. Es decir, se apuesta por los cursos multimedia e interactivos. Ya lo he dicho en otros artículos: personalmente prefiero un interesante texto lineal que un insustancial o superficial diálogo usuario-sistema con aparato gráfico. Empero, pienso que, aunque caro, lo mejor sería el paquete multimedia e interactivo de buena calidad y eficacia didáctica.
¿Por qué las empresas están más satisfechas que sus personas?
Pues, si es así realmente, debe ser porque sus objetivos sean distintos (en este tema del aprendizaje). Yo podría utilizar mi razón y mi intuición para describir los respectivos objetivos, pero no me corresponde. Desde luego, si de verdad está ocurriendo esto, da la sensación de que algo está fallando (en las empresas, o en sus personas), pero no me aventuro a entrar en detalles.
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