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¿En busca del fuego o del bombero? (Victor Camon Luis)

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O, de ¿cómo deberían de tratar las empresas a su valor añadido a largo plazo? El presente artículo combina las metáforas de FUEGO como EMPRESA y BOMBERO como TRABAJADOR para poder describir la discusión entre el valor de la empresa y el valor que ofrece el trabajador.


En la antigüedad la supervivencia del hombre se definía por la posibilidad de poseer fuego. Al mismo tiempo, su posesión, le otorgó al ser humano la condición de ser superior y de tener una arma infalible para luchar contra los animales, angustiados por su presencia. La evolución del fuego ha llegado a nuestros días y con el paso de éstos la sociedad se ha visto obligada a profesionalizar su tratamiento, o más bien su lucha, con la creación del Cuerpo de Bomberos pero el Fuego siempre ha sido uno de los principales valores para las personas y en su conjunción, del mundo. Actualmente sería inimaginable un mundo sin fuego.

Conocemos al fuego como un elemento de la naturaleza capaz de ofrecer al hombre cobijo en cuanto a calor y defensa, y mediante el cuál el ser humano ha sabido usar su fuerza y determinación para conseguir energía. Al mismo tiempo, las empresas son necesarias para la sociedad actual y ellas nos han dado la oportunidad de crear un mundo productivo en base al cual se ha podido beneficiar la mayoría de sus comunidades.

Por otro lado, el fuego es uno de los poderes más destructores de la tierra y para combatirlo, los bomberos trabajan con esmero y dedicación. Y no sólo los bomberos sinó también administrativos, personal de almacén, teleoperadores, auxiliares, secretariado, en definitiva todo trabajador implicado en el proceso cíclico de la empresa.

Por eso, a partir de esta fábula, pretendo hacer más agradable mi teoría del valor del trabajador en la actualidad:

“Hace algunos años conocí un bombero que controlaba su fuego desde prácticamente su inicio y desde luego era una pieza fundamental para su buen comportamiento. Lo había tratado con pasión, respeto y profesionalidad y había evolucionado diariamente para y por su estudio. Nuestro bombero protagonista había aumentado sus conocimientos en gran medida y su crecimiento profesional le permitió plantear unos mejores recursos para su gran amigo el fuego, ya que al fin y al cabo, decía - se lo merecía -; había trabajado de manera constante y muchas veces de forma desinteresada para conseguir aumentar la fuerza de ese fuego, siempre de manera controlada, pero le picó la curiosidad de estudiar otros fuegos y poder encontrar nuevas posibilidades de control, sobretodo oportunidades más interesantes y acordes a sus estudios.

Le planteó la posibilidad al Fuego y el le contestó que era un valor fundamental para él y que era necesario que siguieran juntos. El bombero se enorgulleció de su conversación y sobretodo del interés que mostraba en él su compañero inseparable; pero el paso de los días no hizo que cambiara nada y le seguían llegando ofertas de fuegos a los que controlar pero confiaba en las palabras de su gran amigo.

Al mismo tiempo, el fuego fue valorando estas mejoras pero no conseguía entender porque el bombero quería seguir mejorando, - al fin y al cabo sin fuego no hay bombero -. Con todo esto decidió que debía de buscar bomberos que quisieran encargarse de él y pensó que el paso del tiempo devolvería a su compañero a su posición.

Desafortunadamente, el bombero prosiguió su visión de mejorar sus conocimientos y el fuego permaneció estancado en su progresión. Realmente, eso no era lo que quería y luchó para demostrarle al fuego que su bombero era él y que ningún otro podía mejorarlo y al mismo tiempo controlarlo tanto como él había hecho.

En ese momento, el fuego se vió cercado y no entendió que su principal valor era su bombero no él, no entendió que una parte del fuego es destrucción y por eso se decidió por un cambio de controlador. Para el fuego había muchas oportunidades de encontrar un buen sustituto y no dudó en intentarlo, pensó que si su antecesor había sido un buen bombero, era gracias a él y que así sería para los siguientes.

Finalmente, el fuego se descontroló y ningún nuevo bombero pudo hacer frente a su crecimiento y su sucesiva disminución y por ello fue cayendo en el olvido hasta que fue completamente extinguido.

Por su parte, el bombero desolado en un principio, encontró consuelo en un fuego que sí le valoraba como el único capaz de poder controlarlo, y que supo leer que la fuerza del fuego es mayor vista desde fuera y que el especialista es el que debe dirigirlo. Se esforzó en seguir mejorando tanto al fuego como sus conocimientos y a día de hoy es uno de los mejores bomberos de su especialidad y nunca ha caído en el olvido.”

Conclusión

La moraleja de esta historia es el hecho de determinar que en la actualidad el máximo valor del Fuego (Empresa) es el bombero (Trabajador) y siempre debemos de apostar por aquél que trabajando con profesionalidad, iniciativa, proactividad e ímpetu mejora la fuerza de su empresa.

El valor de un buen trabajador es muchas veces irremplazable y con demasiada frecuencia las empresas caen en el error de infravalorar a sus trabajadores y sobrevalorar a sus candidatos. Por ello, la empresa debe estudiar con detenimiento si su bombero es realmente necesario o puede ser remplazado, debe entender que el coste de perder este trabajador es sobretodo el riesgo de perder competitividad a favor de otras empresas, calidad, eficiencia y eficacia.


[Victor Camon Luis]
 Etiquetas: empresa, fábula, trabajador, valor
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Enviado por Victor - 08/10/2007 ir arriba

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