Se nos ofrecen diferentes cursos o seminarios para mejorar en la gestión del tiempo, pero no tantos para mejorar en la gestión de nuestra atención, cosa en que debemos sin duda mejorar.
Representando a mi empresa, Nanfor Ibérica, estuve (13 de mayo de 2008) en la presentación del Congreso Anual de IBM para Business Partners y me gustó escuchar a Amparo Moraleda, presidenta de IBM para España, Portugal, Grecia, Israel y Turquía. Sus mensajes me parecieron precisos, concisos, oportunos y estimulantes. Me atrajo enseguida, cuando agradeció a un auditorio de varios cientos de personas “nuestro tiempo y nuestra atención”.
Efectivamente, he aquí dos cosas bien concretas y distintas: tiempo y atención. Siempre me pregunté por qué había seminarios sobre gestión del tiempo, y no encontraba yo ninguno sobre la gestión de la atención. Creo que el uso que todos hacemos de la atención nos distingue más a unos de otros que el propio nivel de inteligencia, y que la primera podría estar contribuyendo más que la segunda al alto rendimiento profesional. Sí, todo depende del significado que otorguemos a los significantes, pero podemos ver la atención como una especie de energía psíquica que enfoca y activa nuestras facultades y fortalezas.
La atención suele dejarse llevar de la intención, que, como decía mi abuela, puede ser buena o mala. Una buena intención orienta la atención y, si ésta se dedica con suficiente tesón, cabe esperar incluso el precioso regalo de la intuición genuina, en beneficio de nuestra actuación. Disculpe el lector mi abuso fonético, pero convengamos en hacer el mejor uso de la atención, como del tiempo.
También apuntó Amparo Moraleda al hecho de que nuestros conocimientos quedan pronto obsoletos y hemos de adquirir otros. En verdad hemos de renovar nuestro acervo continuamente, y esto no resulta sencillo porque exige buena dosis de autocrítica y de afán de aprender. Suponiendo que lo que los universitarios aprenden en su primer año de carrera esté entonces plenamente vigente, puede que deje de estarlo cuando lleguen al tercer o cuarto curso: así son los tiempos que vivimos.
Todos, ya en nuestro ejercicio profesional, hemos de aprender continuamente, lo que significa traducir a conocimiento valioso y aplicable la información que nos rodea; una información que parece crecer exponencialmente y cuya conversión a conocimiento podría generar falsos aprendizajes, si no desplegáramos, por cierto, buena dosis de pensamiento crítico. Los campos del saber crecen, se expanden, con la innovación, buzzword capital en nuestros días. A la innovación apuntó, desde luego, Amparo Moraleda, relacionándola con expectativas sólidas, con necesidades reales e indiscutibles.
Y llamó la atención sobre el peso de China en la economía de nuestro siglo. Y me sorprendió que no hubiera en el tono de su discurso ningún asomo de complacencia ni arrogancia, aunque las realidades le sonrieran. Y dejó constancia de su atención al mercado y los clientes, y a las inquietudes sociales… Esta ejecutiva parece contar con buena dosis de energía psíquica, bien aprovechada, pensé yo.
Pero dejen que me extienda, sí, en lo del tiempo y la atención. Hay personas que concentran su atención, y hay otras que la dispersan; quizá estas últimas carecen de grandes objetivos, de un designio, de un propósito, de un tema vital. También puede decirse que unas personas tienen tendencia a fijar su atención en las cosas positivas y otras en las negativas; que unas personas atienden a detalles o matices que resultan inapreciables para otras; que unas personas distinguen mejor entre lo importante y lo superfluo. Recordemos siempre que la atención es un recurso limitado, y que, en la práctica, también lo es por consiguiente la conciencia, a la que aquélla da paso. O sea que... conviene utilizar bien la atención.
Como la atención determina lo que aparece en nuestra conciencia —y así, los optimistas son más felices que los pesimistas—, cabe pensar que la satisfacción en el trabajo (hablamos de condiciones normales) depende también, en alguna medida, de la propia persona y, concretamente, de cómo maneja su atención y ordena su conciencia... De esto nos hablaba el profesor Csikszentmihalyi. Pero, también y sobre todo, de la atención depende nuestro rendimiento. Bien enfocada en cada momento —evitando que inquietudes y problemas consuman toda nuestra energía (atención)— podrá decirse que estamos aprovechando el tiempo; de otro modo, no tanto.
Enfocando ahora a ejecutivos y directivos, temo que el culto al ego consuma alguna parte de la atención, y que buena parte de la energía psíquica de que hablábamos resulte derrochada como consecuencia del estrés. No parecía el caso de Amparo Moraleda, ni cabe generalizar en esto: hay ciertamente directivos y ejecutivos (e igualmente trabajadores) ejemplares.
En efecto y ya para terminar, si algún día decidiéramos escribir nuestras memorias, habríamos de elegir entre lo que estábamos viviendo en cada momento, o lo que teníamos entonces en la cabeza… Admitamos que no siempre vivimos el aquí y ahora, y que ésta es una mala práctica, tanto para directivos como para trabajadores.
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