La Formación Experiencial: Una Formación para los Nuevos Retos de las Empresas (Nona Martín i Falcó)
Las empresas deben dejar de considerarse como organismos autónomos de sus trabajadores para pasar a ser vista como estructuras humanas con valores propios. Para fomentar estos valores y convertirlos en el motor del cambio ante nuevos retos la Formación Experiencial es una ayuda indispensable.
Desde hace ya muchos años ronda una sentencia muy popular en el ámbito empresarial: sólo las empresas que sepan adaptarse a los nuevos contextos y fomentar el cambio ante las nuevas necesidades del mercado alcanzarán el éxito. Esta es, desde luego, una frase que la mayoría de directivos de grandes corporaciones tienen en su mente día tras día y a la que cada vez con más ahínco dedican esfuerzos y recursos, tanto económicos como humanos. Sin embargo, ya no es tan frecuente encontrar directivos y organizaciones que, desde un principio, generen las condiciones adecuadas que favorezcan o provoquen directamente estos cambios y mejoras. Es curioso pensar como los responsables de formación de las empresas gastan innumerables recursos en conferencias, seminarios o en cursos de capacitación en los que se proporcionan a los participantes (a los que en muchas ocasiones se les ha cambiado su merecido descando de fín de semana por una par de días de charlas informales) una serie de conocimientos teóricos que supuestamente conducirán a la toma de decisiones correctas y a la superación de los nuevos retos. Sin embargo, esos conocimientos no abordan el cómo ni mucho menos el porqué se ha de tomar las decisiones ni cómo abordar y generar los cambios para alcanzar el éxito.
La Dirección por Valores
Y es que el cambio en las organizaciones requeire una perspectiva de dirección también nueva. El poder y la autoridad tradicionales de las empresas basadas en estructuras jerárquicas hace ya tiempo que han demostrado no favorecer la generación de cambio. Si bien la Dirección por Instrucciones a operarios poco instruidos ha quedado arcaica, tampoco parece adecuada ahora la Dirección por Objetivos, pensada para comprometer a empleados en que no necesitan encontrar el sentido a una acción para ejecutarla correctamente. Para generar el cambio, para abonar nuestras organizaciones y hacer germinar en ellas la semilla del éxito hay que pensar en la Dirección por Valores, un modelo en el que se fomenta la iniciativa y la creatividad como generadoras de cambio. Y es que hay que tomar conciencia de que las empresas son algo más que estructuras generadoras de riqueza: son estructuras humanas, poseedoras de una cultura y conjunto de valores propios que configuran su identidad. Por lo tanto, es crucial potenciar dentro de esa cultura, de esa red que ordena la vida de las empresas, la capacidad de respuesta de las personas en cada una de las situaciónes que vive la organización. Hay que generar situaciones que proporcionen a los miembros de las empresas herramientas adecuadas para el cambio.
El cambio de valores
Cuando hablamos de cambio, sin embargo, hemos de distinguir entre el cambio de estructuras o metodologías (hard) y el referente a las personas (soft). Generalmente se da muchas más importancia al primero, mientras que las personas, sus habilidades y sus actitudes han quedado tradicionalmente relegadas a un segundo plano, y eso es un grave error. La potenciación de las habilidades personales de cada uno de los miembros de una empresa o las actuaciones para cambiar las actitudes y dinámicas deben ponerse en primer plano. La cultura de la empresa, los valores que la mueven y que le dan sentido es lo primero que debe abordarse para generar el cambio. Se trata, en definitiva, de desarrollar las organizaciones desde las personas.
La Formación Experiencial
Para este Desarrollo de Organizaciones desde las Personas la Formación Experiencial se ha demostrado como la más eficaz. Pero, ¿de qué hablamos cuando nos referimos a Formación Experiencial? Se trata, de manera resumida, de aquel aprendizaje que no se basa en la tradicional transmisión de información desde un “maestro” o poseedor de la información a un receptor o alumno, sino que es un proceso de 4 fases:
1 - Experimentación de juegos o simulaciones que los participantes puedan relacionar de una manera u otra con su actividad laboral.
2 - Observación reflexiva, por parte de los participantes, de sus comportamientos y actitudes durante la experimentación. Esta fase requeire de la presencia un facilitador que oriente las reflexión.
3 - Interpretación o conceptualización abstracta de lo sucedido durante la experiencia. Es en este momento cuando los participantes pueden crear metáforas (palabras, imágenes, gráficos, etc.) que hacen posible la creación de conocimientos y aprendizajes directamente vinculados con sus comportamientos y actitudes en el entorno laboral.
4 - Experimentación de los aprendizajes obtenidos mediante la práctica en el entorno laboral.
Esta Formación Experiencial es, además, un tipo de creación de conocimientos que permite fácilmente visualizar las interrelaciones e influencias que los diferentes aprendizajes creados tienen dentro de una organización, facilitando así la permeabilidad al cambio y a las nuevos retos de las empresas.
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La Formación experiencial Definitivamente, la formación a partir de la experiencia reflexiva tiene un lugar ganado entre quienes desarrollamos la labor de capacitar personal y facilitar su aprendizaje a través del tiempo.
Coincido con el tema de los principios y valores. Si hay principios y valores adecuadamente formados, la persona podrá aprender a partir de la revaloración de sus propios principios y valores. Reafirmará que a travéz de su propia experiencia los valores en los que cree son los más adecuados y su comportamiento estará en función de ello.