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Martes - 12.Diciembre.2017

Tras el aplauso de los directivos

José Enebral Fernández

Enfoquemos las jornadas, congresos y otros actos a que, con creciente frecuencia, se convoca a empresarios y directivos para escuchar a profesionales que, en calidad de expertos, disertan sobre temas diversos de la gestión empresarial. Las salas se llenan, intervienen los ponentes, suenan los aplausos, y la audiencia parece quedar satisfecha… Empero y de una parte, acaso los asistentes no ponen en práctica las enseñanzas transmitidas, y de otra, tal vez los mensajes no resultan siempre suficientemente novedosos, relevantes o aplicables.

 

Temas como la innovación, el liderazgo, la globalización, el capital humano, el marketing, la sociedad de la información, la inteligencia o excelencia organizacional, la macroeconomía, la estrategia, la comunicación o la calidad, entre otros, atraen sin duda la atención de los directivos y etiquetan numerosas conferencias, congresos, jornadas y convocatorias diversas; sin embargo, no dejan por ello de suponer, a menudo, asignaturas pendientes en las empresas. No, no se innova en suficiente grado, no se aprovecha el capital humano, no se prepara debidamente el futuro…

 

Cada organización es en verdad única, y su unicidad no se aborda en las jornadas abiertas en que nos hablan los expertos; además, son quizá intereses diversos los que se hacen presentes en los diferentes tipos de eventos. Quienes toman la palabra, como quienes los organizan, pueden legítimamente estar más interesados en su propia economía que en la buena marcha de la de los asistentes; acaso, quién sabe, lo que especialmente desean es que aplaudamos, que compremos su último libro o sus productos…

 

Una agencia española de conferenciantes decía, años atrás, estar en el negocio de la oratoria, entendida como “entretenimiento oral de públicos selectos”; una formulación que quizá viene a relativizar, aunque no descarte, el posible aprendizaje valioso de tales “públicos selectos” en tales ocasiones. Se celebran conferencias supuestamente para transmitir la sabiduría de los más expertos en cada área, pero aquí podría fundirse o confundirse el más experto con el más famoso, o incluso con el más poderoso… Cabe, desde luego, encontrar a deportistas laureados narrando sus experiencias de desarrollo personal-profesional, ante una audiencia de directivos supuestamente interesados.

 

Sin duda podemos, en las empresas, extraer valiosas enseñanzas del mundo del deporte, del de la comunicación, del arte, del espectáculo…; pero, como sabemos bien, hemos de ser prudentes en las analogías. El significado, por ejemplo, del liderazgo o del trabajo en equipo resulta particular para el ámbito empresarial, como para el militar, para el deportivo… Escuchemos, si así lo deseamos, a los mejores en cada campo, pero tal vez debamos cuidar el despliegue de analogías. Suena a perogrullada, pero me parecía una reflexión oportuna.

 

Sí, podría haberse producido una cierta deriva en los fines y medios también aquí, en los eventos para directivos. Quizá se asiste a algunos de ellos con la intención de experimentar un día ameno y, de paso, establecer nuevas relaciones; acaso, para tomarse un cierto recreo en la agitada vida cotidiana del despacho. El hecho es que, en nuestro país, en calidad directiva no estamos al nivel deseable, aunque sí parece sólido el negocio de las escuelas de negocios, como tal vez el de la organización de los eventos a que nos referimos. Desde luego, los directivos siempre parecen tener alguna convocatoria a la vista, incluyendo también la presentación de algún nuevo libro, o el acto de entrega de algún premio a un colega.

 

Estas reflexiones mías, desplegadas para alentar las del lector interesado, fueron a su vez alentadas recientemente. Hace poco topé, en Internet, con un texto que recogía unas palabras severas de los editores de The Economist. Se criticaba con cierta dureza los mensajes de los gurús del Management, es decir, de los expertos cuyos libros compramos y a cuyas conferencias asistimos. Me pareció que no debíamos generalizar y que vale la pena escuchar a los auténticos expertos; pero también pensé que algún fundamento debía o podía haber en la crítica formulada.

 

Pensé, sí, que en ocasiones podíamos encontrar, como se venía a decir, crecidos “teóricos de salón” con una particular percepción de las realidades, quizá muy atrevidos en sus inferencias y abstracciones. Y podíamos dedicarles empero nuestro aplauso por lo ameno de su exposición, por mera costumbre, por corrección política, etc.

 

Desde luego que no podemos generalizar: hay sin duda discursos de dudoso valor, como también otros muchos muy certeros y muy bien formulados. Algunos de estos expertos —cada uno en su área específica— nos muestran sus vivencias y enseñanzas tras muchos años en puestos ejecutivos de grandes organizaciones; otros, su extensa experiencia como observadores y consultores; y otros más, su especialización en áreas, nucleares o periféricas, de interés en el mundo empresarial. Topamos incluso a veces con oradores que nos deslumbran con detalles curiosos y recursos de buen humor, de modo que el mensaje, si lo hay consistente, llega a ocupar en verdad un papel secundario; parece, sí, sobre todo “entretenimiento”.

 

A menudo y entre los ponentes, podemos encontrar también a directivos de las empresas patrocinadoras del evento, presentando quizá experiencias de alto interés… o no tan alto. Sí, en verdad los perfiles son diversos: hagamos una lista. Cuando asistimos a alguna de estas convocatorias, ante nosotros pueden tomar la palabra:

 

§        Gurús de entre los más cotizados, algunos de los cuales parecen dar todo el protagonismo a su mensaje (Ohmae, por ejemplo), mientras otros (Peters, por ejemplo) despliegan sus recursos personales para sintonizar con la audiencia y parecen resultar, ellos mismos, un espectáculo. Su remuneración es muy elevada.

 

§        Expertos, también con gran prestigio aunque de ámbito más local, que se han especializado en algún tema de interés, típicamente relacionado con el lado humano de la gestión empresarial; asimismo puede haber aquí diferentes balances entre fondos y formas. Su remuneración es bastante más modesta.

 

§        Ejecutivos de grandes empresas, con una especial experiencia contrastada en algún campo de la gestión; suelen limitar su discurso a su área de experiencia, es decir, se nos muestran lógicamente más como ejecutivos de éxito que como conferenciantes. No sé si hay aquí remuneración económica.

 

§        Directivos que aprovechan el turno cedido a los patrocinadores de los eventos, y presentan logros de sus empresas o departamentos, tal vez a veces con alguna dosis de complacencia o intención comercial. Puede decirse que pagan por hablar.

 

§        Profesores de universidades y escuelas de negocios que a menudo ejercen también de consultores y gozan de predicamento en el sector. Pueden recibir alguna o ninguna compensación económica, según el caso.

 

§        Consultores y otros profesionales que han profundizado en áreas específicas de algún interés y poseen un cierto poder de convocatoria, fruto tal vez de la publicación de libros y artículos. Creo, como en el caso anterior, que pueden intervenir en algún caso de modo desinteresado, es decir, como promoción personal.

 

§        Personajes conocidos de diferente procedencia (deporte, comunicación, arte, vivencias singulares…) que tratan de conectar, en su discurso, su experiencia o especialidad con el mundo empresarial, aunque su valor podría radicar, en algún caso, en su popularidad o su imagen. Imagino que no intervienen de forma gratuita, sino a precio de experto.

 

Quizá se eche de menos algún perfil (quién sabe, tal vez acabemos viendo actores que sigan guiones hilarantes inspirados en el mundo empresarial, al estilo de El Club de la Comedia), y asimismo cabría desde luego distinguir tipos de eventos, que muy diferentes los hay. Algunas empresas organizan también en ocasiones actos internos especiales, e incluyen, quizá como adorno o gesto suntuoso, la intervención de algún conocido conferenciante, con quien contactan de modo directo o a través de agencia.

 

El lector tendrá sus propias vivencias y puntos de vista. Por comentar un caso concreto, pude asistir en Madrid meses atrás a una convocatoria relacionada con la innovación en la empresa. Me parecieron muy brillantes los expertos intervinientes, aunque los temas abordados daban para una reflexión bastante más específica y prolongada, y no se podía lógicamente llegar a conclusiones aplicables. Se defendió, por ejemplo, la fuerza del estímulo intrínseco de los trabajadores en su desempeño profesional, y no me cupo ninguna duda al respecto.

 

Oportuno parecía insistir en la motivación intrínseca y la profesionalidad, pero me quedé pensando que el estímulo extrínseco parece ser el elegido para los directivos, y que en ocasiones puede llegar a ser tan atractivo (bonus a veces millonarios) que apenas deje espacio magnético para el intrínseco. Sí, sin menoscabo de la motivación intrínseca, ni de los rasgos y sentimientos que la catalizan, pensé que los trabajadores también debían acceder, mediante su rendimiento, a atractivos complementos para sus modestos salarios. El asunto parece algo complejo y quizá deba procurarse un equilibrio entre ambos tipos de estímulo.

 

Recuerdo por otra parte que, poco antes o después de leer aquel texto crítico sobre los discursos de los gurús, topé también con un artículo de un prestigioso consultor, Eduardo M. Arroyo, que tiene su oficina en Guaynabo, Puerto Rico. En este artículo, publicado en la revista impresa Manager Business Magazine(de Interban Network), se venía a decir que, desde Estados Unidos, se distinguían cuatro grupos distintos entre los expertos españoles del Management. Me resultó curioso… Los cuatro grupos eran:

 

§        Los que imparten cursos de habilidades directivas básicas, “también denominados consultores en muchas ocasiones”. Se añadía: “Rara vez se encuentran productores de pensamiento en esta categoría”.

 

§        Los que viajan periódicamente a Estados Unidos para asistir a “seminarios organizados por los propagandistas del momento”, y, una vez “captado el mensaje y trasladado al español, viven de divulgar esas ideas durante los meses sucesivos”.

 

§        Los teóricos, profesores de universidades y escuelas de negocios, “habitualmente con nula experiencia empresarial o directiva”. En este apartado, Arroyo se refería muy duramente, sin identificarlo, a uno de ellos, profesor en una universidad privada próxima a Madrid.

 

§        Finalmente, el consultor americano apuntaba a quienes conocen bien el mundo de las organizaciones, a quienes “han dedicado tiempo a estudiar, han profundizado en su antropología y presentan propuestas innovadoras”.

 

Me resultó, sí, curiosa la visión de Arroyo, y hasta contacté con él por si me identificaba sus fuentes de documentación. El hecho es que también se percibía en el despliegue anterior una cierta crítica sobre los denominados expertos, en este caso españoles, en el campo del Management. Arroyo llegaba en su artículo a hablar de un “Management a la española”, entre cuyos máximos exponentes citaba a miembros del club español Top Ten Business Experts, conferenciantes habituales en eventos para directivos celebrados en nuestro país.

 

Mi mensaje final —contando con que haya en este mes de agosto (2011) algún lector interesado— es que quizá los eventos a que me he referido estén resultando de reducida trascendencia en la actuación de los directivos y otros profesionales asistentes; es decir, que acaso algunos estén resultando en verdad, o sobre todo, mero entretenimiento. Sin dejar de ser amenos, tal vez podrían contribuir algo más al aprendizaje, sin duda necesario, de todos nosotros, en beneficio de la calidad directiva en nuestro país.

 

 
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Autor: José Enebral Fernández
Enviado porEnebral51- 18/08/2011
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