Pareciera que los aspectos relacionados con el Protocolo, en particular el Protocolo empresarial, tuvieran exclusivamente campo de aplicación en el ámbito de las grandes compañías.
Nada más incorrecto y lógico a su vez.
Quizá, el primer apunte que debiera hacerse es distinguir entre los comportamientos relacionados con la Educación, en el sentido más general de la expresión, y los comportamientos de las relaciones sociales en el marco de las de ámbito comercial. También es cierto que la frontera que existe entre estos comportamientos no está, ni mucho menos, clara y que unos se solapan en otros.
El diccionario define el Protocolo como: “... conjunto de reglas de urbanidad o cortesía establecidas en cualquier sitio”, lo cual viene a ratificar la imposibilidad de separar ambos enfoques.
Leí recientemente una definición de Protocolo que refleja, en gran medida, lo que quiero transmitir: “... es el arte, en suma, de hacer las cosas que hay que hacer de una manera perfecta y natural al tiempo” (F. Rueda – J.C. Sanjuán).
Éste es una parte más que significativa de la Imagen de cualquier entidad, independientemente de su tamaño o actividad, y también es consecuencia del comportamiento de sus representantes (dueños, gerentes, directivos y empleados).
En la medida en que los recursos humanos aciertan e impactan positivamente con sus hechos, la empresa sale reforzada frente al mercado donde desarrolla su actividad. En este punto, todos los agentes que componen el entorno económico son relevantes: clientes, en primer lugar, proveedores, entidades financieras, organismos oficiales y un completo abanico de ellos (hasta los llamados “clientes internos” deben ser motivo de especial atención).
Las entidades de mayor tamaño y sensibilizadas a los avatares de la comunicación social y empresarial diseñan los denominados “Manuales de Estilo”, es decir, la Guía de los principios que regirán los elementos de comunicación de la empresa. Pues bien, no es óbice el tamaño de la organización para poder establecer estas pautas de relaciones constantes y, cada día, más valoradas.
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