|
Muchos periodistas creen ser personajes modificados que pueden desactivar a la justicia por el solo hecho de ser periodistas… Tienen el deber patriótico de injuriar a nombre de la libertad de expresión. Un análisis de ello:
Hace pocos días, mayo de este año, un canal de TV publicó una foto equivocada de un futbolista que apuñaló a un hincha en un estadio ecuatoriano. Al día siguiente se pidió disculpas. Desconozco si el afectado seguirá o no acciones legales frente a dicha ‘equivocación’. Pero el daño está hecho.
Claro, el error fue involuntario y, al menos, se lo reconoció. Este hecho dibuja de cuerpo entero (por no decir de lengua entera) a los medios de comunicación. No toman las precauciones para no dañar la honra de las personas.
Caso similar se dio por la publicación injuriosa de un periodista, Director del Diario La Hora de Quito, en contra del Presidente Ecuatoriano Rafael Correa. Con el agravante que este hecho fue premeditado y este individuo no reconoce el ‘error’. ¡Vaya, por qué hacerlo, si es periodista!
La prensa ecuatoriana y del exterior hizo un escándalo porque el presidente inició una acción legal contra el infractor, bajo el artilugio de que se está afectando a la famosa libertad de prensa. Se dijo que “solo el periodista tiene la capacidad de ponerse los límites en sus opiniones, no importa cualquier exceso, por muy deleznable que sea”. Así se expresó un caballero defensor de los derechos humanos.
Es decir, según esta curiosa teoría, los señores periodistas son jueces y parte. Son solo ellos los que deben juzgar su proceder. Los hechos deshonestos, abusos de poder de los medios de comunicación no deben judicializarse porque no procede. Solo los otros comunes mortales como nosotros debemos cumplir con la ley y la justicia. Esos seres divinos no tienen por qué ser juzgados. Son individuos extra planetarios autorizados para, en nombre de la libre opinión, injuriar, atropellar la honra de las personas y emitir afirmaciones, muchas veces, ajenas a la verdad. Y la gran mayoría de la prensa se ha puesto en esa orilla, arguyendo un falso espíritu de cuerpo.
¿Que tal si un ingeniero hace mal su trabajo, una de sus obras se derrumba, y salen a defenderlo sus compañeros de patio? Se diría que los defensores están locos por apoyar a un mal profesional, pues con ello estarían lastimando a su propia profesión. Pero no, siendo periodista, todo está permitido, y ¡no debe osarse en cuestionar la libre opinión de estos individuos!
Los periodistas creen que los lectores somos unos imbéciles, carentes de sentido común, a los cuales se puede injuriar cuando ellos a bien tengan. Estos seres de cultura elemental creen que han sido ungidos por los Dioses del Olimpo para hacer lo que les da la regalada gana. Los otros, nosotros, somos una alpargata vieja a la cual se le puede maltratar cuando quieran.
Estos súper hombres creen que están autorizados para equivocarse. Confunden los ceros a la izquierda con los ceros a la derecha. Los gramos con kilos, los dólares con los sucres (moneda que en el Ecuador ya no existe), los miles con millones, la majada con la pomada. Tenemos que soportar sus tartamudeces, sus desplantes e injurias. Si un político no hace una concertación con otro, es autoritario; si lo hace, está haciendo un conciliábulo y cae bajo la sospecha de colusión, o algo parecido. Juegan con las palabras y se ríen del diccionario. Hacen prestidigitación con los conceptos y la semántica. ¡Y obviamente, ellos no deben ser juzgados en honor a la libertad de opinión!
Un profesor nos decía en las aulas que “un ingeniero que solo sabe de ingeniería, no es un buen ingeniero”, en alusión a la obligación que tenemos de aprender otras disciplinas básicas para el convivir humano. Pero estos seres divinos, no saben sino opinar, muchas veces sin sentido común. La lógica tirada por la ventana.
Hay un periodista cubano americano que se ufana en menospreciar a todo aquel que discrepa con los intereses de los halcones del Pentágono (no del pueblo estado unidense, pues ese es otro cantar). Tiene odio a primera vista a los que critican la conducta guerrerista de USA. Dicta conferencias magistrales y agrede al pueblo ecuatoriano tildándolo de tonto por haber elegido a Correa como presidente. Es probable que este individuo tache al autor de este artículo como comunista, chavista o no sé qué pachotada. Si no lo hace él, descuiden, habrá algún comedido que lo haga.
Una interesante teoría de estas divinidades dice que si ellos se equivocan deberán ser reprendidos por el público cuando este deje de leerlos. ¡Qué les parece!... Si yo engaño a la gente en mi trabajo, solo debo ser juzgado por mis clientes si ellos dejan de contratar mis servicios profesionales. ¡La impunidad riéndose a mandíbula batiente! En definitiva, estos seres modificados creen que pueden desactivar a la justicia por el solo hecho de ser periodistas… Tienen el deber patriótico de injuriar a nombre de la libertad de expresión.
Capítulo aparte don los Dueños de los Medios de Comunicación. Algunos de estos señores pregonan a los cuatro vientos que son independientes falseando la verdad, pues casi siempre están defendiendo a uno u otro monopolio u oligopolio, a veces en forma cautelosa, otras desembozadamente. Pero por más que traten de disimular, su postura se revela aunque sea en forma inconsciente. Ello per se no es incorrecto, lo cuestionable es que lo hacen por las tranqueras, sin querer aparecer como tales. Deben ser frontales y cristalinos y no tratar de aparecer diferentes a lo que realmente son, usando a sus periodistas para estos propósitos.
Que existen medios de comunicación vinculados a diferentes grupos de poder, creo que está fuera de duda. Es cuestión de ver los nombres de sus accionistas. Si tratan de disimular, esa es una píldora muy difícil de tragar. Y el público sabe quiénes son.
Es más que seguro que se dirá que soy asalariado del presidente del Ecuador. No señores periodistas, a él no lo conozco personalmente. No tengo ningún cargo político; nunca he recibido un solo centavo partido por la mitad de gobierno alguno, ni pienso hacerlo. Moriré invicto en ese orden de cosas. No soy comunista, chavista ni político. Pero sí sé defender a quienes son menospreciados por la arrogancia de estos sepultureros de nuestra lengua materna, que muchas veces actúan como jararacas doradas.
¡Y el que recoja el guante, que se lo chante!
A los buenos periodistas, que obviamente sí los hay (aunque en muy escasa minoría), se les recomienda que no caigan en estos crasos errores. Si son buenos, no tenemos por qué felicitarles. ¿Desde cuándo hacer las cosas bien debe ser objeto de palmoteos en el hombro? Es solo una obligación para con nosotros mismos y para con la comunidad.
[Walter Córdova Franco]
|